La luz entra antes. El aire se vuelve más templado. Abres las ventanas y todo parece respirar contigo. No es una casa nueva: es la tuya, pero más viva. Como si después del invierno se desperezara al mismo tiempo que tú.
La casa despierta huele a madera cálida y limpia, a casa ordenada con las ventanas abiertas. Tiene flores suaves que aportan luz sin ser intensas, un puntito ligeramente cítrico y especiado que da vida (como cuando el sol empieza a calentar la estancia) y un frescor ligero que hace que todo respire.
Al fondo aparece una dulzura cremosa y reconfortante, muy sutil, que envuelve sin empalagar. No es una vela pesada: es cálida pero luminosa, acogedora pero con aire.
Notas: madera de cedro, jazmín, canela, naranja, hierbabuena, ámbar, vainilla