LEONARDO, H.PELAYO
Émile Durkheim nunca pateó una pelota, pero nos enseñó que un estadio puede ser un templo. Siguiendo el hilo de su «efervescencia colectiva», Leonardo H. Pelayoantropó logo y fútbolherido redescubre en un derbi del C.E. Europa aquello que creía perdido: la electricidad de la grada, el vértigo de los colores, la alegría que sólo existe cuando es com partida. Un latido común que el fútbol moderno, convertido en conglomerado corporati vo, se empeña en desactivar.Este pequeño ensayo es una exploración lúcida y apasionada de ese milagro popular: por qué millones de personas dejan su vida en suspenso durante noventa minutos para entregarse a la fe de un equipo.