CARMIR, DAVID
La Sed de siempre se escribe desde una conciencia que ha perdido toda garantía de sentido. Frente al silencio donde cuerpo, mirada y deseo quedan expuestos como llagas que sostienen toda poesía una voz avanza entre reflejos y desdoblamientos: un rostro que no se reconoce
un cielo que se abre como abismo
una divinidad hueca observada desde la intemperie de su carne. Los poemas, como plegarias, se quiebran ante el límite del lenguaje para iluminar aunque sea por un instante la herida que los origina: Señor / la tarántula en su blasfemia no bebió mi sangre/ acarició mi piel
Entre mito y fractura, entre éxtasis y putrefacción: La sed de siempre habita el lugar donde la poesía no redime, pero tampoco calla.
Aquí se anuncia una obra cuyo porvenir será tan inquietante como luminoso.
David Carmir (Costa Rica, 1999) estudia psicología en la Universidad de Costa Rica. Su poesía explora las tensiones entre lenguaje, cuerpo y experiencia de lo sagrado, atendiendo a los límites de la palabra y a su imposibilidad de nombrar aquello que la desborda.